En el avión


Por algún motivo los aviones y yo no somos amigos. Creo que todo viene de un punto en mi vida les tome un poco de miedo.


Pienso que pudo haber sido una vez que viaje sola como a mis 13 años, íbamos llegando al destino y el avión se regreso al punto de partida, algo pasaba, cambiaron de avión ese tampoco salió y me toco quedarme con una aeromoza en un hotel un poco creapy hajajajja no se porqué pero desde ese momento me da ansiedad cada vez que tengo que volar, antes no era así, tal vez antes de mis 13 todavía sentía la inocencia de niña, sin miedos, entusiasta y soñadora. Todavía soy soñadora, pero los miedos están ahí. Creo que son importantes, los miedos digo, sin ellos no nos sentiríamos vivos.



Aquí me encuentro, emigrando por segunda vez. Mi mama siempre me dijo: “Hija ustedes son del mundo” Tiene una gran parte de razón, crecemos juntos en familia y luego buscamos nuestro camino, algunos encuentran su camino donde están sus queridos, algunos no...Como nosotros los emigrantes, que nos vamos con el dolor mas grande que existe, dejar los tuyos a millas y millas de distancia.


Puede ser porque estamos en constante búsqueda de nuevas experiencias con escenarios distintos, tal vez queremos llenar nuestro corazón de mundo, de gente, de culturas, de experiencias.


Nuestro corazón estará muy lleno por el dolor de las despedidas y la dicha de conocer lo nuevo.


Ahora estoy aquí en el primero de tres vuelos que me llevarán a Barcelona, mi nueva casa. Ahora mi mundo es más grande y mi agradecimiento mayor.


Hasta ahora me doy cuenta cuando pienso en el pasado, que cuando pasé una temporada en madrid, siempre decía, yo quiero vivir aquí, era mi sueño, bailar flamenco me llevaba a amar España sin ser de allí. Ese sueño lo deje a un lado, simplemente lo olvidé cuando vino la etapa más dura que he vivido, la muerte de mi papá.


Una parte de mí murió ese día, mi sensibilidad, mis sueños se congelaron, cambié y ese cambio pasó por algo.


Hace 9 años fui rescatada de esa tristeza por el amor de mi vida. Ahora es él el que me animó a volver a ese sueño. Resulta que ahora lo compartimos sin quererlo, soñamos en grande juntos.


En cuanto a mi corazón, volvió a romperse un poquito más con todas estas despedidas. Dejé a gran parte de mi familia. Sus miradas tristes costarán para borrarse y cambiar por las alegres.


Sin más que decir, aquí continuo mi camino, nos encontraremos en la próxima.


Con cariño.


Cami.




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